La experiencia de cliente es un elemento estratégico que influye directamente en la fidelización, la satisfacción y el valor de la marca. Su gestión requiere un enfoque estructurado que combine sistemas de calidad, análisis de indicadores y metodologías de mejora continua.
Las distintas líneas de actuación permiten consolidar un modelo integral de experiencia, orientado a optimizar cada punto de contacto y asegurar resultados medibles. Cada ámbito contribuye a fortalecer la relación con el cliente, impulsando eficiencia, consistencia y valor en la organización.